Nuestros Lugares Míticos

Nuestros Lugares Míticos

Autor: Radboud Bruinsma

Bajo este titulo me gustaría destacar lugares míticos que tenemos en la región. El primero de la serie lo encontramos en nuestras salidas hacia el noroeste de Barcelona. Entrando en Martorell, un poco superado por los viaductos de la AP-7 y la A-2 y por el AVE, vemos el misterioso Puente del Diablo. Cuando lo vi por primera vez me imaginaba como debía haber servido en tiempos viejos, veía los soldados romanos encima, probablemente cobrando para pasar.

Historia. El puente era parte de la Via Augusta, que empezaba en Cadiz, pasando por Sevilla, Cordoba, Cartagena, Valencia, Tarragona, Girona, para terminar en Narbonne. Ahi conecta con la Via Domitia, con el destino final Roma. Hasta el siglo XIV fue el único puente sobre el Llobregat. Tres legiones romanas trabajaron para montar el puente, en el año 10 antes C. Luego el río se lo llevó, también en la guerra civil se destruyó. El puente de ahora es una reconstrucción del puente gótico, sobre bases romanas.

Ciclismo. Poco interés ciclista hay. Peatones pueden pasar, ciclistas pueden probar, más aconsejable con bici montaña. Probar digo porque no es muy fácil, el puente tiene escalones, grandes abajo pero, subiendo, cada vez son mas cortos. En Strava vemos algunos del club que han pasado, pero no vemos si lo han logrado sin poner el pie… Una vez, en 1975, la Volta Catalunya hizo una crono pasando por el puente. Fue la ultima etapa, ganado por Fausto Bertoglio, ganando tambien la Volta.

La leyenda. El puente ha sido (re)construido por Romanos, Españoles, Catalanes, todos humanos… La leyendaes que haya otra explicación. Va asi: Había una vez, en un pueblecito llamado Martorell, una viejecita que cada día debía pasar el río para ir a buscar agua a la fuente que había en la otra orilla. La viejecita era ya muy mayor y no estaba para esos trotes. Saltar de piedra en piedra, mojándose los pies ya le había traído más de un disgusto y algún que otro constipado.
Una mañana, cuando estaba junto la orilla, a punto de pasar el rio, se le apareció el Diablo, que era un negociante de mucho cuidado.

– ¡¿Qué hace usted pasando el río de esta manera?! Con mi gran poder, haré que no tenga que cruzarlo nunca más.
–¿Cómo? – preguntó la viejecita sorprendida.
–Dame una noche, y te construiré el puente más bonito que jamás hayas visto.
–¿Seguro? – preguntó la viejecita.
–¿Acaso dudas de mi palabra? – respondió el Diablo – Y no os va a costar ni un real. Me conformo con quedarme con el alma del primero que cruce el puente.

La viejecita, cansada de tener que cruzar el río cada dia aceptó el trato.

El diablo estuvo toda la noche trabajando y cuando los primeros rayos de sol despuntaban tras la Torre del Telégrafo el gran puente estaba acabado.

El Diablo, escondido tras el arco del puente, en la otra orilla, esperó a que la viejecita llegara, para que pasara el puente en busca del agua y así poder quedarse con su alma. Pero las cosas no salieron como él esperaba.

Cuando la viejecita llegó al puente, sacó el mandil del cesto que llevaba colgando del brazo. De dentro del cesto salió un gato, negro como el carbón, que asustado empezó a correr puente arriba.

Y así es, como desde ese día, la viejecita y todos los habitantes de Martorell pueden cruzar, sin miedo, el puente mientras el Diablo nos mira, sin poder hacer nada, junto al alma de un gato.

 

Resumen

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