Nuestras rutas, nuestros entrenos

Nuestras rutas, nuestros entrenos

En estas páginas, que son las vuestras, muchas veces nos enviáis para publicar vuestras aventuras cicloturistas encima de vuestra flaca: crónicas de vuestras marchas preferidas, de rutas realizadas por Alpes, Pirineos o Asturias, de puertos míticos que habéis ascendido y de diversos y diferentes retos que os habíais puesto como objetivo para la temporada y que habéis logrado superar para orgullo vuestro y disfrute de todos aquellos que leemos vuestras hazañas.
Pero muchas veces nos olvidamos de nuestras carreteras, nuestras rutas, esas que tenemos al lado de casa y que no paramos de repetir un día tras otro para ponernos en forma para nuestros futuros compromisos, sin dejar de lado esos puertos, más o menos duros, que solemos frecuentar para probarnos a nosotros mismos y que nos abrirán las puertas para ascender otros muchos más exigentes: auténticos primera o incluso hors catégorie.
Por eso iniciamos esta nueva sección, para que desde este rincón os animéis a enviarnos vuestras rutas, vuestros puertos, esos que estáis ya cansados de recorrer una y otra vez, aunque… ¿habéis probado alguna vez de hacerlos al revés? De Perogrullo ¿verdad? Pero es cierto, veréis cómo cambia la visión del mismo recorrido pero visto desde el otro lado.

Para empezar, abro el fuego, con mis “entrenos”.

Está claro que cuando salimos a entrenar, y a nuestro nivel cicloturista que puede ser desde globero de élite a “auténtico-fiera-que-bajo-de-las-7-horas-en-la-QH”, podremos exprimirnos igual en un circuito largo o corto, duro o suave, pero todos tenemos ese recorrido en el cual salimos a por todas, lo conocemos como la palma de nuestra mano, con nuestros horarios de paso: buenos, malos o regulares; un circuito que marcará la hora de nuestro estado físico y que, normalmente, lo tenemos al lado de casa.
En mi caso, cuando entrenaba para la QH, mi recorrido favorito era subir Montserrat, Can Massana, bajar a Manresa, Coll de les Estenalles, Terrassa, subir l’Obac, Vacarisses y volver a casa por Collbató: unos 150 km creo que bastante duros y si “entraba” en buenos tiempos, ya sabía que al menos estaba preparado para acabar las grandes marchas de junio y julio.
Otra de mis salidas favoritas, que usaba sobre todo al principio de temporada para salir a rodar, llanear un poco e ir acumulando kilómetros, era subir a Piera, pasar por Sant Sadurní, Gelida, Martorell, carretera de les Carpes y a casa por Olesa: unos 75 km casi llanos, ideales para ir calentando y preparando salidas más exigentes.
Pero si de una ruta estoy enamorado, es en una en que lo doy todo, porque sé que aunque vaya mal, no voy a coger ningún pajarón y voy a acabar sin problemas. Un recorrido marcado por sensaciones, por pasos de tiempo, por estados de forma, que no me canso de repetir una y otra vez y que, según mi base de datos, lo habré hecho más de un centenar de veces: saliendo de Esparreguera, bajar a Olesa, carretera de Torreblanca, subir a Vacarisses, bajar dirección Monistrol, subir Collbató y volver a Esparreguera.
Son sólo 40 km, pero os aseguro que pueden pasar muy rápido o bien convertirse en una auténtica tortura. Además es un recorrido bonito porque bajando de Vacarisses hay unos campos preciosos, sea la estación que sea, con la hermosa montaña de Montserrat delante de nosotros, y la subida a Collbató también es un deleite para la vista, dejando unos campos a nuestra izquierda que ya quisieran en la mismísima Toscana.

Se trata además de un circuito que según la época que lo pilles puede ser frío, muy frío, o caluroso o ventoso, sobre todo subiendo a Collbató, aunque también es una delicia hacerlo con solecito en invierno.
Ciertamente, en cuanto subes a la bicicleta sabes perfectamente cómo te vas a encontrar ese día: esa primera sensación al sentarte en el sillín es la que va a marcar el nivel de entreno; si hoy vas a tirar o no. Es algo muy extraño pero que me daréis la razón que es cierto: tu cuerpo te dice si te vas a comer la carretera o bien vas a intentar defenderte como puedas.
Después, esas primeras pedaladas en solitario, de calentamiento, respirando el primer aire fresco del día, para enseguida empezar a exprimirte en la primera subida, recuperar, llanear, un poco, y finalmente acabar el circuito, y el entreno, con una auténtica cronoescalada a esa última dificultad y saber que es ahí donde marcarás las diferencias con tus otras “performances”.
Realmente esas horas en las que tu bicicleta y tú vais a estar solos, van a ser muy productivas, no sólo para tu físico, también para tu mente,  y seguramente, en tus pensamientos, conseguirás resolver ese problema, o tendrás esa idea genial, que te ayudará a solucionar algún tema que te preocupa. Es lo que tiene el sentirte libre practicando tu deporte preferido: la claridad de ideas y de pensamientos.

Por Jordi Escrihuela

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