MEDITERRÁNEAMENTE (Buscando a Ferran Adrià)

MEDITERRÁNEAMENTE (Buscando a Ferran Adrià)

Por Jordi Escrihuela

jordi@ziklo.es

Fotos: www.paucatalla.com

Seguro que recordáis el anuncio de Estrella Damm de hace algunos veranos. Imágenes sugerentes, una canción divertida, buen humor, amor y amistad, mar y sol, en un marco incomparable como es el mar Mediterráneo. Un spot que desprendía buen rollo. Entre sus protagonistas chicos, chicas y Ferran Adrià y su famoso restaurante El Bulli, el que según dicen ha sido el mejor del mundo durante varios años seguidos.

Pues bien, durante el pasado mes de agosto realizamos algunas rutas por las zonas donde se rodó el anuncio, buscando a Ferran Adrià, pedaleando por suaves carreteras de gran belleza bordeando el mar, sin dejar de lado la montaña, no muy dura de esta comarca gironina, el Alt Empordà, pero donde en algunos tramos podíamos toparnos de frente con alguna emboscada en forma de rampa dura o incluso muy dura.

Podemos iniciar una de estas excursiones desde la misma orilla del mar, tocando la fina arena de las bellas playas de Empúries, junto a la bonita población turística de l’Escala, una villa marinera que aún guarda el encanto de la tradición ante su cada vez más demanda turística. Así, entre bañistas, paseantes, y todo tipo de usuarios de las dos ruedas, pedalearemos tranquilamente junto a estas playas y las famosas ruinas de Empúries, hasta llegar a Sant Martí de Empúries, pequeña y bonita localidad de origen grecorromano.

De aquí ya saldremos a carretera abierta, completamente llana, dirección Sant Pere Pescador, pero lo haremos por la interior, más tranquila, dejando atrás numerosos campings justo hasta llegar a esta población, donde cruzaremos un puente sobre el río Fluvià y pedaleando por una pequeña circunvalación rodearemos el pueblo para dirigirnos ahora dirección a Rosas por una carretera también llana pero con más tráfico, aunque con un arcén bastante ancho, donde se puede rodar a una buena velocidad de crucero o, si queréis, darle bastante caña.

Cuando hayáis pasado el cruce a la derecha del Parc Natural dels Aiguamolls de l’Empordà ya quedará poco para llegar a una gran rotonda, algo peligrosa, que pasaremos rápido, pero en vez de ir a Rosas pedalearemos hacia Castelló d’Empúries, a tan sólo 1 km después del desvío, un pueblo muy bonito con su lavadero público del s. XIX y sus fuentes, donde podremos parar y refrescarnos antes de dirigirnos por una carretera interior muy tranquila y llana, aunque ya con tendencia ascendente, dirección Palau-Saverdera rodeados del típico paisaje ampurdanés: masías, campos de cereales y verdes prados.

Al llegar a este pueblo giraremos ahora sí a la derecha dirección a Roses en terreno descendente (si lo hiciéramos hacia la izquierda podríamos dirigirnos hacia Vilajuïga para subir la vertiente “fácil” de Sant Pere de Rodes). En pocos kilómetros llegaremos a un cruce en el que tendremos que girar a la izquierda dirección Cadaqués y el Port de la Selva, por una carretera que poco a poco se irá endureciendo hasta convertirse en un pequeño puerto, el coll de Perafita, de apenas 4 km donde la dureza estribará en quererlo subir lo más rápido posible, dado lo asequible de sus rampas, y en el hecho de que te puedas picar fácilmente con otros cicloturistas extranjeros que vienen a probarse aquí aprovechando sus estancias estivales.

Las vistas a nuestra derecha hacia la bahía de Roses son espectaculares. Antes de coronar pedalearemos 1 km por la cresta de esta montaña admirando el hermoso paisaje, justo hasta dar con un cruce a la derecha que nos indica el acceso al Escuadrón de Vigilancia Aérea nº4 (EVA 4). Nosotros giramos en su búsqueda porque los primeros kilómetros son de libre acceso, siendo el primero bastante durillo -el resto es llevadero-, pero al llegar a lo que parece que es la ascensión definitiva, con la impresionante visión de la montaña, la estación y el radar delante de nosotros, nos encontramos con el temido cartel de acceso restringido. Aún pedaleamos unos metros con la ilusión de que nos dejaran pasar, pero los militares de guardia nos dijeron que allí no podíamos estar y que por favor diéramos de inmediato la vuelta. Una pena, porque desde allí se vislumbraba la carretera de acceso al radar y parecía muy dura. La próxima vez se podría intentar su asalto con algún tipo de permiso especial. Lo probaremos.

Pues nada, media vuelta y para abajo, disfrutando de nuevo de las bellas vistas, el mar y la montaña, -estamos en pleno Parc Natural del Cap de Creus-, hasta llegar de nuevo al cruce y girar ahora dirección Cadaqués por la misma carretera, pero llaneando ahora por unos cómodos kilómetros justo hasta una rotonda donde tendremos que decidirnos si bajar a Cadaqués o al Port de la Selva. Como nos habíamos quedado con ganas de rampas duras vimos delante de nosotros lo que parecía una pista asfaltada que se retorcía también en la montaña de enfrente y que daba a parar a una enorme antena.

 

Cap de Creus3

 

En efecto, dimos la vuelta a la rotonda y a nuestra derecha salía una carretera que se elevaba cada vez más y más. Muy dura. Seguimos por ella, siguiendo la tremenda pendiente que algún momento llegó alcanzar el 18% de desnivel y que nos iba a dejar sin lugar a dudas arriba de la antena de Cadaqués, en la cima de la Montaña Negra. Aunque el pavimento, a medida que ascendíamos, se iba deteriorando cada vez más, estando el último kilómetro descarnado, muy complicado para nuestras finas ruedas, e incluso los últimos metros, muy duros también, sin asfaltar. Pero ya que estábamos allí no lo íbamos a dejar así y pudimos coronar y disfrutar de bellas vistas sobre la Costa Brava, con Cadaqués a nuestros pies.

Bajamos con prudencia para llegar de nuevo a la rotonda. Si girábamos a la derecha descendíamos rápidamente al Port de la Selva y desde allí podíamos haber ascendido la vertiente más dura de Sant Pere de Rodes, pero como ya la conocemos, preferimos hacerlo hacia Cadaqués, para visitar esta bella población y desde aquí acceder en pocos kilómetros a Portlligat y el Cap de Creus siguiendo la ruta de Dalí, por una idílica carretera de toboganes con algunos repechos duros. La visión del último kilómetro de subida al Cap de Creus, inolvidable, la carretera encajonada entre rocas, antes de acceder al bello mirador y extasiarnos con las bellas vistas.

De vuelta, giramos en la pequeña rotonda de acceso a Cadaqués para subir por donde habíamos bajado, y disfrutar de una nueva y suave ascensión por este lado del coll de Perafita, para dejarnos caer por la vertiente que habíamos subido una hora antes, un divertido y técnico descenso dirección a Roses. Nada más finalizar la bajada, giraremos en el primer cruce a la izquierda que nos lleva a Roses, ya decididos a la búsqueda de Ferran Adrià, dejándonos caer plácidamente por una de las entradas más tranquilas a esta población.

Llegaremos a una nueva rotonda y giraremos a la izquierda hacia el Parc Natural del Cap de Creus. Un par de rotondas más y por fin veremos el desvío al Parc y el restaurante El Bulli. Ya estábamos más cerca, pero no iba a ser tan fácil como lo habíamos pensado. La rampa de acceso a esta pista, porque no se puede llamar de otra manera, estrecha y a veces encajonada entre rocas, es dura, llegando a alcanzar un 12%, pero no acaba ahí, pues las cuestas, aunque cortas, se van sucediendo hasta que la carretera se abre y coronamos lo que parece el alto del acantilado que bordea la costa y donde divisamos el intenso azul del mar Mediterráneo: la Costa Brava en todo su esplendor, bellas calas escondidas y hermosas playas.

Ya sólo nos quedará pedalear en suave terreno descendente por esta bonita carretera, rodeada de montañas, pinos y el mar, para toparnos de frente con El Bulli, el mejor restaurante del mundo, ahora cerrado. Unos metros más abajo está la famosa Cala Montjoi, preciosa, donde si habéis traído bañador podréis daros un reconfortante baño, descansar y relajaros junto a la orilla del mar.

La carretera finaliza aquí y para volver habrá que desandar lo andado. Si queréis, siempre os podréis quedar por cualquiera de estas bellas poblaciones a disfrutar de unos días de verano, del sol, de la playa y por supuesto de la bici, mediterráneamente.

Cap de Creus2

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