La bici pasado los 40… (o más…)

La bici pasado los 40… (o más…)

Este artículo lo leí hace un tiempo en la revista francesa Cyclo Sport.

La encontré el año pasado en una de mis salidas al país vecino, ya que cada vez que paso la frontera aprovecho para comprar muchas de las revistas de ciclismo que se publican en Francia. Y es que si no conté mal, tienen unas 14 publicaciones especializadas en nuestro deporte preferido, y además para todos los gustos: ciclismo profesional, cicloturismo, ciclosport, mountain-bike…

Los franceses aman el ciclismo y esto se nota a todos los niveles culturales, educativos y medioambientales: Francia es un paraíso para disfrutar del cicloturismo.

Bien, esto sólo era un comentario, antes de compartir con vosotros este interesante artículo francés que lo encuentro muy adecuado para todos aquellos que ya hemos pasado la frontera de los 40 años (o más) y que creo somos bastantes.

Pasados los 40 nos encontramos muy a menudo en una situación social más cómoda, laboralmente hablando o bien familiarmente: los “niños” son más autónomos y sobre todo el “tiempo muerto” del que podremos disponer invitan a buscar otros entretenimientos, a practicar deportes y cómo es en nuestro caso a subir –o a volver a subir- a una bicicleta.

Pero antes de lanzarnos a tumba abierta en busca del tiempo perdido tenemos que tomar primero conciencia de nuestra edad.

Todos sabemos que un ciclista de 20 años podrá, en pleno esfuerzo, poner su corazón a 200 pulsaciones por minuto mientras que uno que haya sobrepasado los 40 no tendría que pasar de las 180 p/m. La inactividad, asociada a los efectos de la edad, produce una disminución del número y del volumen de las células musculares: arterias más rígidas y estrechas dificultan la irrigación celular.

Por otro lado, la capacidad pulmonar también disminuye, hecho que limita las posibilidades de mantener, en buenas condiciones, una actividad física muy prolongada.

También, no hay que decir, que el peso de los años también repercute en los sistemas óseos, articular y de los tendones.

Paralelamente a la masa muscular que se atrofia, las reservas energéticas de base disminuyen. También puede pasar que se pueda producir un deterioro de orden psicológico a causa, por ejemplo, de una ausencia de motivación, de espíritu de iniciativa, de interés por la vida y las relaciones humanas.

Todas estas “degradaciones” son mucho menos sensibles en un veterano deportista que en un hombre sedentario. Esto está claro.

Como todo aparato de precisión, el cuerpo del hombre es muy sensible a la ausencia de entrenamiento. Muchos estudios demuestran que nunca se tiene que parar la práctica deportiva para evitar perder toda la forma adquirida. Un experimento en Moscú demostró que las enfermedades no son sólo las únicas culpables del debilitamiento del cuerpo, y que un atleta en plena forma no volvería a ser el mismo después de pasarse en la cama 10 días sin moverse. Otros estudios efectuados por la NASA prueban que los músculos inactivos se atrofian extremadamente rápido. Si estamos tres días “inmóviles” perderemos el 20% de nuestra fuerza.

La inmovilidad es igualmente nefasta para los sistemas circulatorio, respiratorio, digestivo y nervioso.
Por tanto, una actividad ciclista bien llevada y progresiva puede favorecer el rejuvenecimiento del deportista. Aun así el consumo de oxígeno de un ciclista de 40 años todavía activo es también más alto que un joven sedentario de 25. Dicho de otro modo, un entrenamiento moderado puede considerarse en este caso como un rejuvenecimiento de 10 a 15 años.

Otro estudio sorprendente nos dice que la capacidad de mejora por el entrenamiento de los diferentes sistemas del organismo se mantienen al menos hasta los 70 años (!), aunque el progreso será mucho más lento que entre los más jóvenes, lógicamente.

En la práctica podemos encontrar dos tipos de ciclistas de 40 años: aquel que nunca ha parado de hacer bici y no supone ningún problema mayor: tiene un organismo entrenado y sólo tiene que procurar adaptar sus ambiciones deportivas a sus posibilidades físicas que van disminuyendo, lenta pero progresivamente, a partir de los 40 años.

El otro, el más frecuente, es el ciclista tardío, y a su vez podemos distinguir también dos tipos muy distintos:
-aquel que nunca ha hecho deporte y comprobando que dispone de un poco de tiempo libre, se preocupa en practicar alguna actividad física. Antes de empezar es indispensable evaluar el funcionamiento de su aparato cardiovascular, que es el que pone más problemas al plan de esperanza de vida, y después proponer una actividad de tipo aeróbica, con mucho oxígeno y de baja intensidad. El ciclismo está dentro de esta categoría de actividades deportivas al igual que el esquí de fondo, la marcha, la natación o correr. En realidad, este deportista tardío es generalmente “dócil”, sigue los consejos y no es esclavo de “cronómetros”.
-el segundo deportista “de regreso” se caracteriza por una movilización muscular efectuada hasta los 20 (y pico) de años, para después abandonar toda actividad ciclista durante una veintena de años. El riesgo es muy importante en este tipo de veterano porque puede ser un esclavo del cronómetro, puesto que querrá rencontrar rápidamente las sensaciones, la buena forma de su juventud. Desgraciadamente las posibilidades de su organismo han bajado mucho después de tanto tiempo. Este “antiguo-nuevo-deportista” tendrá que partir de cero de nuevo con un entrenamiento regular y progresivo ascendente.

En todos los casos, antes de lanzarse a la reconquista de su cuerpo, será determinante hacerse sin contemplaciones una exhaustiva revisión médica deportiva para que la actividad ciclista sea realmente un elemento de salud y no el acelerador o el revelador de una insuficiencia fisiológica, y evaluar los factores de riesgo ligados al sedentarismo como por ejemplo la hipertensión arterial, colesterol, tabaco, alcohol o exceso de peso. Y el más importante: la revisión del corazón, principal víctima de las agresiones de la vida moderna.

Esta apreciación del estado cardíaco se hará a partir de un electrocardiograma de esfuerzo, única prueba que puede detectar cualquier riesgo de infarto y que constituye el mayor peligro para el deportista ocasional. Esta revisión será completa con las analíticas de sangre y con toda esta información el médico deportivo podrá constatar si hay cualquier factor de riesgo.

A los 40 años todavía es posible conservar un consumo máximo de oxígeno elevado, pero es necesario un estado de entrenamiento muy importante para mantener un fuerte VO2 máx.

Practicar vida sana y un entrenamiento regular todo el año, empezando en invierno la preparación y no algunas semanas antes de las primeras marchas.

El VO2 máx. es el consumo máximo de oxígeno que el deportista puede utilizar durante el esfuerzo. Cuanto más elevado, más será capaz el ciclista de realizar un entrenamiento de fondo, pero esta característica fundamental del rendimiento del motor humano disminuye con la edad. Esto es debido al envejecimiento del músculo cardíaco que no puede responder a una solicitud deportiva máxima.

Por otro lado, las facultades de adaptación al calor también disminuyen con el paso de los años. Un estudio científico ha demostrado que los hombres de 39 a 45 años empiezan a sudar dos veces menos deprisa que los de 19 a 31 años y después del ejercicio continúan transpirando durante más tiempo.

Seguramente pensaréis que muchos de estos comentarios son evidentes, pero no está de más recordar ciertos aspectos básicos de salud y deporte a nuestra edad, para poner cabeza en nuestro corazón.

Por Jordi Escrihuela

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