ENCUENTRO CON UN CAMPEÓN

ENCUENTRO CON UN CAMPEÓN

Autor: Jordi Escrihuela

Sábado 5 de mayo a las 12.00 horas, aproximadamente:

Estoy acabando de afrontar la última rampa, antes del peaje, de la subida a Montserrat. Giro a la derecha dirección Can Massana, miro hacia la derecha, abajo, y veo acercarse como una moto a una mancha azul en bicicleta, y a medida que se va aproximando a mí, me va pareciendo que es, que es,… ¡sí! ¡si es Roberto Heras! Le grito: ¡¡Roberto…!! Y girando también en mi dirección, me contesta: ¡Hey! Y me pasa como una exhalación, saludándome con un “hola” ( ¿o era “gueropa”?) vestido con maillot y culotte largos del US Postal, montado en su Trek, y con su impresionante ordenador de a bordo en el manillar.

Impresionado, y contento a la vez, por haber visto tan de cerca a uno de los mejores escaladores del momento, sigo subiendo tranquilo el último repecho antes de los típicos toboganes que tiene esta carretera. Lo acabo de coronar, y es entonces cuando vuelvo a ver otra vez a Roberto, de pie, encima de la bicicleta, mirando para atrás, ¡me estaba esperando! Alucinando, como podéis imaginar, acelero lo más rápido posible hasta llegar a su encuentro. Cuando llego a su altura, y antes de que yo dijera nada, me dice: “Qué bonito es esto ¿no?” Y yo, con la voz algo entrecortada, le contesto “Sí, sí, esto es precioso,…” y entablamos una animada conversación, aunque casi se convierte en entrevista, más que nada por todo lo que le llegué a preguntar:

  • Jordi Escrihuela: ¡Ostras, Roberto! Qué satisfacción más grande el poder hablar contigo, ¿adonde vas?
  • Roberto Heras: Vuelvo a Barcelona por Manresa, ¿y tú?
  • J.E.: Pues yo vengo de Esparraguera y voy dirección al Coll de les Estenalles, para después volver a casa por Terrassa.
  • R.H.: Una buena kilometrada también ¿no?
  • J.E.: Sí, salen unos 120, y es que estoy preparando la Quebrantahuesos ¿sabes?
  • R.H.: Sí, ya la conozco, he oído hablar de ella. Pues yo ahora estoy en Barcelona, ya que mi novia es de aquí.
  • J.E.: Sí, lo sé…
  • R.H.: Y mañana marcho para correr los Cuatro Días de Dunquerke…
  • J.E.: Oye Roberto…¿y el Tour qué? ¿Vas a tener que trabajar para el americano?
  • R.H.: Bueno, bueno, ya veremos a ver qué pasa…
  • J.E.: Tendrías que ganarlo, Roberto… que es lo que queremos todos y no verte con el americano.
  • R.H.: Bueno, bueno,… Oye,… ¿no llevas el manillar un poco bajo?
  • J.E.: Pues ahora que lo dices no sé, ya lo miraré… Y el Angliru, ¿qué te pareció? No veas cómo subías por allí ¿eh?
  • R.H.: Sí, sí, durísimo, lo más duro que he subido nunca
  • J.E.: Oye Roberto, no llevarás un boli o algo así ¿no?
  • R.H.: Pues no, si llevara una gorra te la daría, pero no llevo nada.
  • J.E.: Bueno,…

Y así estuvimos hablando y pedaleando juntos durante unos cinco kilómetros aproximadamente, justo un poco antes del cruce dirección Manresa. Los siguientes temas que continuaron en nuestra conversación eran más triviales: como el tiempo que hacía, y que se esperaban tormentas para la tarde, como efectivamente luego así fue. Además, en las bajadas entre toboganes se me iba y no podíamos hablar, hasta que amablemente me dijo que él se marchaba, y yo con un “claro, claro,…” le deseé buena suerte para el Tour y él me deseó lo mismo para la QH. Y se alejó rápidamente…y yo aún alucinado por su extraordinaria sencillez.

 

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