DE CIRCUITOS Y ENTRENAMIENTOS

DE CIRCUITOS Y ENTRENAMIENTOS

Autor: Jordi Escrihuela

No, no os voy a hablar ni de Alonso, Button o Barrichello; ni siquiera de Montmeló. Hoy os voy a explicar un poco las sensaciones que tenemos cuando entrenamos en esos circuitos que hemos diseñado a nuestra medida: más largos o más cortos, duros o intensos, para llanear o mejorar la escalada, incluso para hacer fondo o bien exprimirnos a tope.

Depende del momento de la temporada, escogeremos uno u otro, bien para ir acumulando km o bien para mejorar prestaciones en potencia, lo que se dice intentar correr a tope. Os contaré mi experiencia en este segundo tipo de circuito.

Está claro que cuando salimos a entrenar, y a nuestro nivel cicloturista que puede ser desde globero de élite a auténtico-fiera-que-bajo-de-las-7-horas-en-la-QH, podremos exprimirnos igual en un circuito largo o corto, duro o suave, pero todos tenemos ese recorrido en el cual salimos a por todas, lo conocemos como la palma de nuestra mano, con nuestros horarios de paso: buenos, malos o regulares; un circuito que marcará la hora de nuestro estado físico y que, normalmente, lo tenemos al lado de casa.

En mi caso, cuando entrenaba para la QH, mi recorrido favorito era subir Montserrat, Can Massana, bajar a Manresa, Coll de les Estenalles, Terrassa, subir l’Obac, Vacarisses y volver a casa por Collbató: unos 150 km creo que bastante duros y si entraba en buenos tiempos, ya sabía que al menos estaba preparado para acabar las grandes marchas de junio y julio.

Otra de mis salidas favoritas, que usaba sobre todo al principio de temporada para salir a rodar, llanear un poco e ir acumulando km, era subir a Piera, pasar por Sant Sadurní, Gelida, Martorell, carretera de les Carpes y a casa por Olesa: unos 75 km casi llanos, ideales para ir calentando y preparando salidas más exigentes.

Pero si de un circuito estoy enamorado, es el de que os hablaba al principio: esa salida en que lo das todo, porque sabes que aunque vayas mal, no vas a coger ningún pajarón y vas a acabar sin problemas. Un recorrido marcado por sensaciones, por pasos de tiempo, por estados de forma, que no me canso de repetir una y otra vez y que, según mi base de datos, lo habré hecho más de un centenar de veces: saliendo de Esparreguera, bajar a Olesa, carretera de Torreblanca, subir a Vacarisses, bajar dirección Monistrol, subir Collbató y volver a Esparreguera. Para los que viven en Barcelona un recorrido parecido podría ser subir la Rabassada para volver a la ciudad por el Forat del Vent, para los madrileños un paseíto por alguno de los puertecitos de la Sierra o bien para los vascos cualquier emboscada en el Botxo…

Son sólo 40 km, pero os aseguro que pueden pasar muy rápido o bien convertirse en una auténtica tortura. Además es un recorrido bonito porque bajando de Vacarisses hay unos campos preciosos, sea la estación que sea, con la hermosa montaña de Montserrat delante nuestro, y la subida a Collbató también es un deleite para la vista, dejando unos campos a nuestra izquierda que ya quisieran en la mismísima Toscana.
Se trata además de un circuito que según la época que lo pilles puede ser frío, muy frío, o caluroso o ventoso, sobre todo subiendo a Collbató, aunque también es una delicia hacerlo con solecito en invierno.

Es una ruta en la cual enseguida compruebo mi estado de forma, siendo 1 hora y 30 minutos mi mejor tiempo, media de 27, lo cual no está nada mal dadas las medio exigentes cuestas que componen el recorrido. De éste crono hasta las 2 horas, todo un abanico de tiempos: desde los más habituales 1 h 35’ a 1 h 45’ a los más pajareros por encima de esta hora –actualmente estoy en una 1 h 50’, evidenciando una alarmante baja forma-.

Ciertamente, en cuanto subes a la bicicleta sabes perfectamente cómo te vas a encontrar ese día: esa primera sensación al sentarte en el sillín es la que va a marcar el nivel de entreno; si hoy vas a tirar o no. Es algo muy extraño pero que me daréis la razón que es cierto: tu cuerpo te dice si te vas a comer la carretera o bien vas a intentar defenderte como puedas.

Después, esas primeras pedaladas en solitario, de calentamiento, respirando el primer aire fresco del día, para enseguida empezar a exprimirte en la primera subida, recuperar, llanear, un poco, y aunque con poco tráfico, insultar con unxxxxxx a ese conductor que os ha pasado cerca, demasiado cerca, y es que hay algunos que cuando ven a un ciclista parece que tengan imán los muy…
Finalmente acabas el circuito, y el entreno, con una auténtica cronoescalada a esa última dificultad y sabes que es ahí donde marcarás las diferencias con tus otras performances.

Realmente esa hora y media, dos horas, que tu bicicleta y tú vais a estar solos, van a ser muy productivas, no sólo para tu físico, también para tu mente, y seguramente, en tus pensamientos, conseguirás resolver ese problema, o tendrás esa idea genial, que te ayudará a solucionar algún tema que te preocupa. Es lo que tiene el sentirte libre practicando tu deporte preferido: la claridad de ideas y de pensamientos.

Os preguntaréis a qué viene todo esto (¿qué nos estás explicando chaval?), pero es que una buena manera de evadirse de las preocupaciones –y en estos momentos tengo unas cuántas- y entretenerse un rato: explicar estas vivencias, idea que precisamente se me ocurrió hace unos días, recorriendo este circuito, y pensando, porqué no, explicároslos.

Gracias.

 

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